Creo que lloro tanto por el sabor de las lágrimas
Cuando escurren son tan alentadoras,
Te calientan si tienes frío,
Te refrescan si sientes calor
Las lágrimas se adaptan al clima, a la alegría y a las diferentes formas de tristeza.
Si, es verdad que las lágrimas son muy diferentes dependiendo del dolor y del placer.
Un orgasmo fuerte y apasionado produce una gran cantidad de lágrimas sin dolor. Los ojos no escuecen, se limpian, no se aprietan, ensanchan, brillan. Las lágrimas del síndrome de Stendhal no son las mismas de un orgasmo, pero son parecidas, quizás con menos entusiasmo.
Las lágrimas de dolor queman, bajan como antorchas por tu rostro, te presionan los ojos, parece que los perderás, que saltarán de sus órbitas, piensas que te quedarás sin ojos, a la vez que sin vida.
Las lágrimas de dolor de amores aprietan el corazón, pero no lo digo como un cliché, realmente te presionan el pecho, como aquella lágrima que no quieres que salga, pero que no podrás con ella, hasta que la sueltas, que casi infartas y escurre, y te cubre toda la cara, el pecho, y te vacía. Y te puedes dormir.
Las lágrimas de película, de libros, las lágrimas huidizas y facilonas pero que, si tienes vergüenza, por ejemplo, de una película sensiblera, te pueden matar de un infarto porque intentas mantener la lágrima contenida, no te crees que estás llorando por una cosa que no merece tu lágrima.
Y luego está la lagrima de la tristeza de una muerte, de la separación, el llanto que es una especie de pedido desesperado de ¡vuelve!, no me dejes aquí, no me lo puedo creer que te fuiste, tu cuerpo se desvanece.
La gente que llora se lava el alma, se da un reset, reempieza, se libra de la basura. Tu limpiarás tu armario, sacarás la basura, otros, lloramos.
Cuando escurren son tan alentadoras,
Te calientan si tienes frío,
Te refrescan si sientes calor
Las lágrimas se adaptan al clima, a la alegría y a las diferentes formas de tristeza.
Si, es verdad que las lágrimas son muy diferentes dependiendo del dolor y del placer.
Un orgasmo fuerte y apasionado produce una gran cantidad de lágrimas sin dolor. Los ojos no escuecen, se limpian, no se aprietan, ensanchan, brillan. Las lágrimas del síndrome de Stendhal no son las mismas de un orgasmo, pero son parecidas, quizás con menos entusiasmo.
Las lágrimas de dolor queman, bajan como antorchas por tu rostro, te presionan los ojos, parece que los perderás, que saltarán de sus órbitas, piensas que te quedarás sin ojos, a la vez que sin vida.
Las lágrimas de dolor de amores aprietan el corazón, pero no lo digo como un cliché, realmente te presionan el pecho, como aquella lágrima que no quieres que salga, pero que no podrás con ella, hasta que la sueltas, que casi infartas y escurre, y te cubre toda la cara, el pecho, y te vacía. Y te puedes dormir.
Las lágrimas de película, de libros, las lágrimas huidizas y facilonas pero que, si tienes vergüenza, por ejemplo, de una película sensiblera, te pueden matar de un infarto porque intentas mantener la lágrima contenida, no te crees que estás llorando por una cosa que no merece tu lágrima.
Y luego está la lagrima de la tristeza de una muerte, de la separación, el llanto que es una especie de pedido desesperado de ¡vuelve!, no me dejes aquí, no me lo puedo creer que te fuiste, tu cuerpo se desvanece.
La gente que llora se lava el alma, se da un reset, reempieza, se libra de la basura. Tu limpiarás tu armario, sacarás la basura, otros, lloramos.
