Tus incómodos silencios
Tus manos sudorosas, pequeñas y nerviosas
Tus constantes quejas y reclamaciones
Tu forma de mirarme, como un niño asustado, siempre desviando la mirada
Tu consciencia de la soledad
Tu dificultad para decidir sobre todo
Tus miedos, tus pequeñas cobardías
Tu eterna lucha contra tu propio machismo
Pero también he aprendido a amarte
Por las longas tardes de silencio
Por las caricias únicas de manos que conocen cada rincón de mi cuerpo
Porque puedo siempre resolver tus quejas y reclamaciones
Porque consigo captar, como nadie, cuando el brillo de tus ojos tímidos y huidizos me dicen "te quiero"
Porque me dejas sola cuando necesito
Porque me gusta ayudarte a que decidas entre el rojo y el amarillo y
acompañarte al médico, al peluquero, a comprarte un pantalón
Por eso, o sea, por lo que eres, me he enamorado de ti y he aprendido a odiarte, casi a la vez
Por eso, amor mío, pasaré toda mi vida enamorándome de ti una y otra vez, como si el tiempo no existiera, como si todo estuviese hecho para que te encuentre una, dos, mil veces. Siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario