sábado, 20 de junio de 2020

En 2008 me fui, con Raúl, de vacaciones al Cabo de Gata (un sitio que nos encanta a los dos). Volví de allí embarazada de Adrián. En el equipaje, trajimos un cactus del tamaño de un palmo. Lo plantamos en Madrid y luego lo trajimos a Toledo. Creció muy despacio, recibió ningún cuidado, el pobre. Hoy, decidí tirarlo, estaba muy feo. Empecé cortando las ramas, luego me dispuse a sacarlo de su maceta. No le gustó, y terminé con las manos todas magulladas. Finalmente, decidimos, el Cactus y yo, que será eterno y volverá a echar las raíces enormes y tan fuertes que desarrolla. En 2008, traje un cactus de San José. Y una barriga que creció durante 9 meses y un niño que cumplió 11 años. Si: Raúl y yo echamos unas raíces eternas, tal cual el cactus, que volverá a crecer una y otra vez, incluso sin ningún cuidado de nuestra parte.

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