sábado, 2 de abril de 2022

2 de abril de 2022

Hoy, es mi aniversario. 21 años de España. Sí, más de dos décadas. 

Me dio por recordar, con mi madre al teléfono, la barbacoa de despedida que hicimos, con mis dos abuelas aún vivas.

Luego, por la tarde, al colgar la ropa en el tendedero, me acordé del año 2003. Acababa de terminar con la pareja con la que vivía y, de urgencia, consegui una habitación en un piso compartido con otras 5 personas. Dos de ellas, trabajaban conmigo los fines de semana en un bar. Se trataba de un piso cayéndose a trozos, con unas 9 habitaciones, incluido un trastero minúsculo, una cocina gigante, así como la despensa. Era un último sin ascensor. La casa no estaba reformada. NADA estaba reformado - el suelo de uno de mis compañeros, literalmente, se deshacía. Pero estaba justo delante del teatro de Ópera de Madrid...

Mi primera noche, con el corazón roto además, fue de los más esperpéntica. Era invierno. No, no teníamos calefacción. No, las ventanas no se cerraban bien. No, no había aislamiento alguno. Me tumbé en mi cama de 90cm y, al cerrar los ojos, sentí una gota en la frente; a los 30 segundos, otra. No me lo podía creer, pero si, era una gotera. 

Aquella noche lloré, y creo que en la siguiente también. 

En la tercera noche, después de trabajar 12h en un bar (quien ha trabajado en un bar de copas sabe que es demoledor), llego a las 8 de la mañana y mi vecina de habitación me mira, mientras hace dibujos en la pared del pasillo (tenía muchisimo espacio para dibujar, la verdad) y me dice "buenos días", en plan la niña del exorcista. Yo me voy a mi habitación y la cierro con llave. Si, tuve miedo. El otro día mi compañero, que la conocía bien, me aclaró. Tenía esquizofrénia y a veces tenía sus crisis, había que vigiliar que se tomara la medicación. (tuvimos más de un episodio con ella, incluyendo a un homeless, que ella llamaba "espontáneo", que fue su seguidor durante un tiempo y lo traía a casa).

En aquél manicomio, aprendí a compartir como nunca lo había hecho. Jamás se me olvidará una mañana en la que mientras yo me duchaba, uno de mis compañeros se sentaba al water (urgencias ocurren), mientras el otro se cepillaba los dientes porque tenía un compromiso y tenía que salir corriendo. Si, solo teníamos un baño, y era bastante pequeño.  

Momento cocina: no, no había lavavajillas y los cacharros eran viejos. Si, éramos todos jóvenes, algunos más jóvenes y más guarros que otros. 

Guarrerías aparte, a mí, siempre me salieron ricas las legumbres y había días en los que cocinaba para todos. Una olla bien grande de alubias pintas, unas lentejas con chorizo, algo contundente y barato. Entonces, nos sentábamos todos en el salón, como una grande familia.

Pero además de la grande familia, siempre había invitados, a tal punto que podíamos ser, tranquilamente 12, en lugar de 6. Compartíamos todo, hasta la cama, a veces. Mientras unos se despertaban, otros aún estaban con el último trago en el salón. 

Me acuerdo de "decorar" la casa con fotos, carteles, postales, dibujos. 

No viví allí más de 6 o 7 meses, pero lo guardo con un cariño tan grande porque sé que solo soy la que soy hoy, por experiencias como esta. 

Pues eso. El año que viene, cumplo 22 años de España. Ya escribiré otra crónica. Gracias a la vida, que me ha dado tanto.

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